LOS MELMANN MARCHARAN PARA RECORDAR A NATALIA
Tres años de lucha y dolor
El miércoles se cumple el tercer aniversario del asesinato de Natalia
Melmann en Miramar. Ese día sus padres encabezarán una marcha
y el intendente local le pondrá su nombre a una plaza.
El padre de Natalia Melmann junto a Laura, su esposa, y el hijo de ambos durante
el juicio en 2002. Gustavo Melmann ahora forma parte del Programa Nacional
Antiimpunidad, de la Secretaría de Justicia.
Por Horacio Cecchi
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La marca de la Bonaerense
El próximo miércoles se cumplen tres años del crimen
de Natalia Melmann. Su nombre aún hoy es motivo de cismas, fracturas
y silencio. En la misma plaza central donde los Melmann tenían una
oficina para recibir denuncias, hoy los familiares de los policías
condenados a perpetua por violadores y homicidas levantaron una carpa para
reclamar justicia. Justicia bizarra si se tiene en cuenta que la única
víctima del caso reposa en el cementerio. Tres años después
de que el cuerpo de Natalia apareció vejado y abandonado en el Vivero
Municipal, los Melmann se enfrentan a muchas fuerzas: a la memoria de su hija.
A la mentalidad pueblerina que prefiere tragar sus miedos con la ambición
de no espantar turistas. A los apellidos que hacen honores con mayúscula
al silencio, para que Miramar siga siendo lo que ya no puede ser, la apacible
ciudad de los niños. Aunque los niños sean las víctimas.
Todos los sábados desde que Natalia fue asesinada, los Melmann marchan
desde la plaza central de Miramar, por la peatonal, hasta la costa y regresan.
En verano, los dos años anteriores, las marchas fueron multitudinarias.
Página/12 fue testigo de esas convocatorias, y de la carga emocional
que empujaba a los Melmann a puro aplauso desde ambas veredas mientras los
comerciantes, en un gesto inédito, apagaban las luces de sus comercios.
Pero el verano de Miramar es corto. "Hay que saber lo que es avanzar
por la peatonal a pleno invierno y contra el viento helado -dijo Laura-. Pero
lo vamos a seguir haciendo como lo hicimos cada sábado desde hace tres
años, aunque seamos tres como lo fuimos. Gustavo (el padre de Natalia)
teniendo el cartel de un lado, Lucía (la hermanita menor de Natalia)
del otro, y yo en el medio."
Desde la muerte de Natalia, Gustavo Melmann se encolumnó con los organismos
de derechos humanos. Pasó por la Secretaría de Derechos Humanos,
y en enero pasado se incorporó al Programa Nacional Antiimpunidad que
depende del secretario de Justicia, Pablo Lanusse. Una paradoja con un abanico
de curiosidades comunes lo instaló de lleno en aquel 4 de febrero de
2001: su primer caso en el Programa parecía una repetición.
La víctima también era Natalia, Di Gallo, también desaparecida
y hallada asesinada días después, en un bosque donde la policía
ya había rastrillado. "Era terrible cuando buscaban a esa pobre
chiquita -confesó angustiada Laura-. Me parecía que todo eso
yo ya lo conocía."
"Acompañé mucho a los padres (Juan e Hilda Di Gallo) -contó
Gustavo-. Estaban muy mal cuando los encontré por primera vez."
"Decime cómo carajo se hace para seguir viviendo", le preguntaba
Juan a Melmann. Hilda llevaba varios días sin comer, y estaba deshidratada
al punto del desmayo. Gustavo fue aconsejándolos en base a su propia
experiencia, esa experiencia que todos quisieran jamás tener. "Les
explicaba que tenían que tener un perito -recordó Gustavo-,
que controlaran todo. Yo era la única persona en quien podían
confiar. No sabían quién era bueno, quién era malo."
Mientras Gustavo levanta desde Buenos Aires el estandarte de Natalia en cada
uno de los infinitos casos de impunidad, Laura enfrenta la impunidad de las
caras conocidas y el pueblo chico. "En invierno se hace muy duro -relató
la madre de Natalia-. Cuando estos tipos estaban sueltos (se refiere a los
policías Oscar Echenique, Ricardo ‘el Mono’ Suárez
y Ricardo Anselmini), Nahuel (hermano menor de Natalia) tuvo que ir a Buenos
Aires a terminar el secundario. Lo terminó y volvió. Y a Lucía
la querían llevar y traer los profesores. No es por uno, que se lo
puede bancar, pero cómo hacés con los chicos. Encima, Nicolás
se fue a trabajar y a estudiar a Buenos Aires. Antes de que pasara todo éramos
seis, ahora en casa somos tres."
Miramar, el caso Natalia y los Melmann, enfrentan otras paradojas. Cuando
Natalia fue asesinada, el intendente de Miramar era el radical Enrique Honores.
El anterior había sido el justicialista Andrés Molina. Uno y
otro se habían repartido el sillón y monopolizado la escenapolítica.
El 8 de febrero de 2001 apareció el cuerpo en un lugar que ya había
sido rastrillado. El hartazgo de la población pudo más que miedos,
aprietes y silencio. En una pueblada, desmantelaron la comisaría a
pedradas. El cuerpo de Natalia logró una proeza impensable: demostró
que para los dos caudillos locales, aquello de ser enemigos irreconciliables
era una cuestión de imagen y ajedrez político. Marcharon, los
dos juntos, en reclamo de justicia. Lo hicieron como para que todos vieran
que estaban pero no en primera fila, donde los hubieran confundido con los
promotores. Participaron de la primera marcha.
Después se entendería el gesto: Honores cedió a los Melmann
una oficina en la plaza principal, para recibir todo tipo de denuncias. La
cedió mientras el caso se concentraba sobre el Gallo Fernández,
el ex convicto sobre quien la policía intentó cargar las responsabilidades.
Pero cuando las evidencias empezaron a señalar lo que todos los vecinos
sabían, que la policía actuaba bajo el amparo político,
Honores desalojó la oficina.
Ahora, curiosamente, su nombre es mencionado como quien aporta para que la
carpa de la justicia bizarra se mantenga de pie y con víveres. Los
familiares de los policías condenados tienen una forma particular de
reclamar justicia: cuando Gustavo Melmann llegó a Miramar, hace pocos
días, fue recibido por un coro de pasacalles que sostenían que
Gustavo era investigado por la Justicia, que había hecho asesinar a
su hija para cobrar una indemnización, y todo tipo de agresiones.
El reclamo bizarro no es novedad para los Melmann. Durante el juicio, que
se desarrolló en Mar del Plata, debían viajar en el mismo micro
con los entonces procesados y sus testigos. Hubo aprietes y comentarios socarrones
de asiento a asiento. Pero el trago más amargo lo vivieron algunos
testigos propuestos por los Melmann. Una joven declaró bajo identidad
reservada haber visto cuando Anselmini golpeaba a Natalia para introducirla
en el patrullero. Curiosamente, la nueva abogada de los policías, Patricia
Perelló, solicitó la nulidad del fallo cuestionando a los testigos
de identidad reservada bajo el argumento de que se desconocían sus
identidades. Tan desconocidas fueron que antes y después de declarar
la joven recibió amenazas telefónicas y personales.
Pero todo tiene su contracara. Después de levantar la carpa bizarra,
tanto fue el escándalo desatado por los familiares de los condenados
que el nombre de Natalia reverdeció junto con la indignación
de la gente. "El miércoles (4 de febrero) el intendente, Tomás
Hogan, le va a poner el nombre de Natalia a la plaza donde la secuestraron.
Espero que venga mucha gente. Pero, de cualquier forma, nosotros vamos a estar
y la marcha se va a hacer."
La marca de la Bonaerense
Nota Madre
Tres años de lucha y dolor
Gustavo "el Gallo" Fernández fue condenado a 25 años
de prisión. Los policías Oscar Echenique, Ricardo "el Mono"
Suárez y Ricardo Anselmini a prisión perpetua por homicidio
triplemente calificado, violación agravada y privación ilegal
de la libertad. Sus nombres fueron anticipados por Página/12 cuando
todos cargaban las tintas sólo sobre el Gallo. El Mono Suárez
era dueño del bulo del barrio de Copacabana donde los policías
acostumbraban realizar orgías. Allí se encontraron rastros de
Natalia. Anselmini fue visto cuando golpeaba e introducía a la chica
dentro del patrullero. El ADN lo vendió a Echenique en los rastros
de semen hallados en el cuerpo de Natalia. Un cuarto policía, Ricardo
Panadero, es investigado: su ADN apareció también en los rastros
de semen. También se había iniciado una investigación
sobre el comisario Carlos Grillo, durante cuya gestión se entorpecieron
las tareas de búsqueda de la joven y se ensuciaron pruebas. Grillo,
curiosamente, era oficial en Tres Arroyos, cuando la pueblada por el caso
Nair Mustafá. La Cámara de Casación debe decidir ahora
si acepta el pedido de los policías para anular el fallo.
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